jueves, 12 de marzo de 2015

FOUCAULT. FRAGMENTOS DE: EL PENSAMIENTO DEL AFUERA. / Y: LAS FORMAS PARADÓJICAS DEL JUICIO EN LA FILOSOFÍA POLÍTICA FRANCESA CONTEMPORÁNEA


TERROR. Este uso de las Ideas de libertad y de obligación ha hecho que se le impute a Kant (y nosotros añadimos, a Rousseau), eso que, en justicia, no le compete más que a Robespierre y a los jacobinos. Por eso no es extraño que nuestras reservas en torno a la Razón práctica estén condicionadas inconscientemente por nuestra presunción que ella conduce al Terror". Jean Lyotard et Jean Thébaut, Au juste, Paris: Christian Bourgois, 1979, p. 174.



Para profundizar en esa paradoja que surge en el paso del discurso a su realización, resulta pertinente hacer una breve genealogía de los modelos teóricos de voluntad que han dominado la filosofía occidental.

Foucault piensa que son pocos, básicamente dos: uno que corresponde a la voluntad como fuerza, inspirado en la filosofía Natural, y otro, de inspiración kantiana, que hace de la voluntad una cuestión moral, y otro, de inspiración kantiana, que hace de la voluntad una cuestión moral…
El problema, piensa Foucault, es que la voluntad no es algo que pueda ser tramitado sólo a través de las revoluciones o que se exprese de forma privilegiada en la lucha por el poder estatal. Tampoco es la simple representación que los ciudadanos hacen de su propia libertad después de una deliberación consciente acerca del bien común…

En vez de insistir en reinstaurar el ideal de la voluntad, sea por vía normativa o por vía discursiva, Foucault sugiere analizar las formas concretas del poder contemporáneo para ver los modos de realización de ese ideal en el plano individual y colectivo. Lo que descubre es que, con el pretexto de un ideal liberador, en la mayoría de los casos, los mecanismos de cristalización del poder, las formas hipertrofiadas de control, la personalización del ideal de la voluntad han conducido a sociedades fuertemente jerarquizadas que desembocan, tarde o temprano, en el autoritarismo…
El caso de los partidos comunistas le parece especialmente significativo, pues en ellos la voluntad colectiva se fija como una voluntad monolítica -característica del nazismo, el fascismo y el estalinismo- que se rige por una jerarquía estratificada y en la que el cálculo termina por anular la voluntad individual…

Es lo que Foucault, para simplificar, ha llamado el: “afuera” y que opera como una suerte de inconsciente colectivo, aunque su implementación -sea en las modernas sociedades disciplinarias o en las sociedades de control contemporáneas- exija una serie de dispositivos disciplinarios y tecnológicos; y un conjunto de formas de saber que forman un entramado de micropoderes en el que no interesa tanto la distinción entre el sujeto que domina y el sujeto dominado, sino la distribución de los individuos en el diagrama de saber/poder que pone en marcha la totalidad del sistema…


 LA EXPERIENCIA DEL AFUERA

La transición hacia un lenguaje en que el sujeto está excluido, la puesta al día de una incompatibilidad, tal vez sin recursos, entre la aparición del lenguaje en su ser y la consciencia de sí en su identidad, es hoy en día una experiencia que se anuncia en diferentes puntos de la cultura: en el mínimo gesto de escribir como en las tentativas por formalizar el lenguaje, en el estudio de los mitos y en el psicoaná-lisis, en la búsqueda incluso de ese Logos que es algo así como el acta de nacimiento de toda la razón occidental. Nos encontramos, de repente, ante una hiancia1 que durante mucho tiempo se nos había ocultado: el ser del lenguaje no aparece por sí mismo más que en la desaparición del sujeto. ¿Cómo tener acceso a esta extraña relación? Tal vez mediante una forma de pensamiento de la que la cultura occidental no ha hecho más que esbozar, en sus márgenes, su posibilidad todavía incierta. Este pensamiento que se mantiene fuera de toda subjetividad para hacer surgir como del exterior sus límites, enunciar su fin, hacer brillar su dispersión y no obtener más que su irrefutable ausencia, y que al mismo tiempo se mantiene en el umbral de toda positividad, no tanto para extraer su fundamento o su justificación, cuanto para encontrar el espacio en que se despliega, el vacío que le sirve de lugar, la distancia en que se constituye y en la que se esfuman, desde el momento en que es objeto de la mirada, sus certidumbres inmediatas, —este pensamiento, con relación a la interioridad de nuestra reflexión filosófica y con relación a la positividad de nuestro saber, constituye lo que podríamos llamar en una palabra “el pensamiento del afuera”. Algún día habrá que tratar de definir las formas y las categorías fundamentales de este “pensamiento del afuera”...


REFLEXIÓN, FICCIÓN

 Extrema dificultad la de proveer a este pensamiento de un lenguaje que le sea fiel. Todo discurso puramente reflexivo corre el riesgo, en efecto, de devolver la experiencia del afuera a la dimensión de la interioridad; irresistiblemente la reflexión tiende a reconciliarse con la consciencia y a desarrollarla en una descripción de lo vivido en que el “afuera” se esbozaría como experiencia del cuerpo, del espacio, de los límites de la voluntad, de la presencia indeleble del otro. El vocabulario de la ficción es igualmente peligroso: en el espesor de las imágenes, a veces en la mera transparencia de las figuras más neutras o las más improvisadas, corre el riesgo de depositar significaciones preconcebidas, que, bajo la apariencia de un afuera imaginado, tejen de nuevo la vieja trama de la interioridad. De ahí la necesidad de reconvertir el lenguaje reflexivo. Hay que dirigirlo no ya hacia una confirmación interior —hacia una especie de certidumbre central de la que no pudiera ser desalojado más—, sino más bien hacia un extremo en que necesite refutarse constantemente: que una vez que haya alcanzado el límite de sí mismo, no vea surgir ya la positividad que lo contradice, sino el vacío en el que va a desaparecer; y hacia ese vacío debe dirigirse, aceptando su desenlace en el rumor, en la inmediata negación de lo que dice, en un silencio que no es la intimidad de ningún secreto sino el puro afuera donde las palabras se despliegan indefinidamente. Esta es la razón por la que el lenguaje de Blanchot no hace un uso dialéctico de la negación. Negar dialécticamente consiste en hacer entrar aquello que se niega en la interioridad inquieta de la mente. Negar su propio discurso, como lo hace Blanchot, es sacarlo continuamente de sus casillas, despojarlo en todo momento no sólo de lo que acaba de decir, sino también del poder de enunciarlo; consiste en dejarlo allí donde se encuentre, lejos tras de sí, a fin de quedar libre para un comienzo —que es un puro origen, puesto que no tiene por principio más que a sí mismo y al vacío...

PENSAR DESDE FOUCAULT:


 En tal espacio de reclusión, las víctimas no hablan, están fuera de la historia, y el único lenguaje que les queda son las cicatrices de sus cuerpos. Tal espacio de reclusión  parece anunciar la excepcionalidad  de los estados totalitarios modernos, o ciertos tipos de democracias que basan su permanencia en las leyes de excepción...



Por: Paul Antonio Córdoba Mendoza.


En la actualidad, apreciamos por todo el orbe --hasta en los países más desarrollados-- movimientos de resistencia capitalista antineoliberal, en sus múltiples formas de expresión, (cacerolazos, ollas populares, marchas, cortes de ruta, bocinas, huelgas, cruxificciones, piquetes y hasta desnudamientos), en las cuales participan, hombres, mujeres, estudiantes, campesinos y de todos los sectores populares. Todas estas formas de resistencia podemos considerarlas, como formas de negación, gritos de ira, síntomas del fracaso de la promesa neoliberal y del capitalismo.

Pero como si hay, claramente visible un descontento global frente a la dinámica de poder de acumulación capitalista, cómo sí cada día crece más el descontento de grandes sectores de población, ¿Cómo es posible que se mantenga este sistema excluyente? Más aún ¿Cuáles son los dispositivos de poder que garantizan su cumplimiento efectivo? Estas dos grandes interrogantes son las que autores tales como Michel Foucault, intentaron darle respuesta en sus diversos estudios, sobre los dispositivos del poder insertos en el capitalismo. Hoy hay muchos elementos del pensamiento teórico foucaultiano que se encuentra vigente, para comprender las anteriores interrogantes...

FUENTES:

  1. http://www.bdigital.unal.edu.co/1323/8/03CAPI02.pdf
  2. http://www.philosophia.cl/biblioteca/Foucault/Foucault%20%20el%20pensamiento%20del%20afuera.pdf
  3. http://pensardesdefoucault.blogspot.com.es/2013/06/v-behaviorurldefaultvmlo.html
  4. http://cienciasocialespanama.blogspot.com.es/2007/05/michel-foucault-y-los-dispositivos-de.html