FOUCAULT. FRAGMENTOS DE: EL PENSAMIENTO DEL AFUERA. / Y: LAS FORMAS PARADÓJICAS DEL JUICIO EN LA FILOSOFÍA POLÍTICA FRANCESA CONTEMPORÁNEA
Para profundizar en esa paradoja
que surge en el paso del discurso a su realización, resulta pertinente hacer
una breve genealogía de los modelos teóricos de voluntad que han dominado la
filosofía occidental.
Foucault piensa que son pocos, básicamente dos: uno que
corresponde a la voluntad como fuerza, inspirado en la filosofía Natural, y
otro, de inspiración kantiana, que hace de la voluntad una cuestión moral, y
otro, de inspiración kantiana, que hace de la voluntad una cuestión moral…
El problema, piensa Foucault, es que la voluntad no es algo
que pueda ser tramitado sólo a través de las revoluciones o que se exprese de
forma privilegiada en la lucha por el poder estatal. Tampoco es la simple
representación que los ciudadanos hacen de su propia libertad después de una
deliberación consciente acerca del bien común…
En vez de insistir en reinstaurar
el ideal de la voluntad, sea por vía normativa o por vía discursiva, Foucault sugiere analizar las formas
concretas del poder contemporáneo para ver los modos de realización de ese
ideal en el plano individual y colectivo. Lo que descubre es que,
con el pretexto de un ideal liberador, en la mayoría de los casos, los
mecanismos de cristalización del poder, las formas hipertrofiadas de
control, la personalización del ideal de la voluntad han conducido a sociedades
fuertemente jerarquizadas que desembocan, tarde o temprano, en el
autoritarismo…
El caso de los partidos comunistas
le parece especialmente significativo, pues en ellos la voluntad colectiva
se fija como una voluntad monolítica -característica del nazismo, el fascismo y
el estalinismo- que se rige por una jerarquía estratificada y en la que el
cálculo termina por anular la voluntad individual…
Es lo que Foucault, para simplificar, ha llamado el: “afuera” y que opera como una suerte de inconsciente colectivo,
aunque su implementación -sea en las modernas sociedades disciplinarias o en
las sociedades de control contemporáneas- exija una serie de dispositivos
disciplinarios y tecnológicos; y un conjunto de formas de saber que forman un
entramado de micropoderes en el que no interesa tanto la distinción entre el
sujeto que domina y el sujeto dominado, sino la distribución de los
individuos en el diagrama de saber/poder que pone en marcha la totalidad del
sistema…
LA EXPERIENCIA DEL AFUERA
La transición hacia un lenguaje en que el sujeto está excluido, la puesta al
día de una incompatibilidad, tal vez sin recursos, entre la aparición del lenguaje en
su ser y la consciencia de sí en su identidad, es hoy en día una experiencia que se
anuncia en diferentes puntos de la cultura: en el mínimo gesto de escribir como en
las tentativas por formalizar el lenguaje, en el estudio de los mitos y en el psicoaná-lisis, en la búsqueda incluso de ese Logos que es algo así como el acta de nacimiento
de toda la razón occidental. Nos encontramos, de repente, ante una hiancia1 que
durante mucho tiempo se nos había ocultado: el ser del lenguaje no aparece por sí
mismo más que en la desaparición del sujeto. ¿Cómo tener acceso a esta extraña
relación? Tal vez mediante una forma de pensamiento de la que la cultura occidental
no ha hecho más que esbozar, en sus márgenes, su posibilidad todavía incierta.
Este pensamiento que se mantiene fuera de toda subjetividad para hacer surgir como
del exterior sus límites, enunciar su fin, hacer brillar su dispersión y no obtener
más que su irrefutable ausencia, y que al mismo tiempo se mantiene en el umbral
de toda positividad, no tanto para extraer su fundamento o su justificación, cuanto
para encontrar el espacio en que se despliega, el vacío que le sirve de lugar, la distancia
en que se constituye y en la que se esfuman, desde el momento en que es
objeto de la mirada, sus certidumbres inmediatas, —este pensamiento, con relación
a la interioridad de nuestra reflexión filosófica y con relación a la positividad de
nuestro saber, constituye lo que podríamos llamar en una palabra “el pensamiento
del afuera”.
Algún día habrá que tratar de definir las formas y las categorías fundamentales
de este “pensamiento del afuera”...
REFLEXIÓN, FICCIÓN
Extrema dificultad la de proveer a este pensamiento de un lenguaje que le
sea fiel. Todo discurso puramente reflexivo corre el riesgo, en efecto, de devolver la
experiencia del afuera a la dimensión de la interioridad; irresistiblemente la reflexión
tiende a reconciliarse con la consciencia y a desarrollarla en una descripción
de lo vivido en que el “afuera” se esbozaría como experiencia del cuerpo, del espacio,
de los límites de la voluntad, de la presencia indeleble del otro. El vocabulario
de la ficción es igualmente peligroso: en el espesor de las imágenes, a veces en la
mera transparencia de las figuras más neutras o las más improvisadas, corre el
riesgo de depositar significaciones preconcebidas, que, bajo la apariencia de un
afuera imaginado, tejen de nuevo la vieja trama de la interioridad.
De ahí la necesidad de reconvertir el lenguaje reflexivo. Hay que dirigirlo no
ya hacia una confirmación interior —hacia una especie de certidumbre central de la
que no pudiera ser desalojado más—, sino más bien hacia un extremo en que necesite
refutarse constantemente: que una vez que haya alcanzado el límite de sí mismo,
no vea surgir ya la positividad que lo contradice, sino el vacío en el que va a
desaparecer; y hacia ese vacío debe dirigirse, aceptando su desenlace en el rumor,
en la inmediata negación de lo que dice, en un silencio que no es la intimidad de
ningún secreto sino el puro afuera donde las palabras se despliegan indefinidamente.
Esta es la razón por la que el lenguaje de Blanchot no hace un uso dialéctico
de la negación. Negar dialécticamente consiste en hacer entrar aquello que se niega
en la interioridad inquieta de la mente. Negar su propio discurso, como lo hace
Blanchot, es sacarlo continuamente de sus casillas, despojarlo en todo momento no
sólo de lo que acaba de decir, sino también del poder de enunciarlo; consiste en dejarlo
allí donde se encuentre, lejos tras de sí, a fin de quedar libre para un comienzo
—que es un puro origen, puesto que no tiene por principio más que a sí mismo y al
vacío...
PENSAR DESDE FOUCAULT:
En tal espacio de reclusión, las víctimas no hablan, están fuera de la historia, y el único lenguaje que les queda son las cicatrices de sus cuerpos. Tal espacio de reclusión parece anunciar la excepcionalidad de los estados totalitarios modernos, o ciertos tipos de democracias que basan su permanencia en las leyes de excepción...
Por: Paul Antonio Córdoba Mendoza.
En la actualidad, apreciamos por todo el orbe --hasta en los países más desarrollados-- movimientos de resistencia capitalista antineoliberal, en sus múltiples formas de expresión, (cacerolazos, ollas populares, marchas, cortes de ruta, bocinas, huelgas, cruxificciones, piquetes y hasta desnudamientos), en las cuales participan, hombres, mujeres, estudiantes, campesinos y de todos los sectores populares. Todas estas formas de resistencia podemos considerarlas, como formas de negación, gritos de ira, síntomas del fracaso de la promesa neoliberal y del capitalismo.
Pero como si hay, claramente visible un descontento global frente a la dinámica de poder de acumulación capitalista, cómo sí cada día crece más el descontento de grandes sectores de población, ¿Cómo es posible que se mantenga este sistema excluyente? Más aún ¿Cuáles son los dispositivos de poder que garantizan su cumplimiento efectivo? Estas dos grandes interrogantes son las que autores tales como Michel Foucault, intentaron darle respuesta en sus diversos estudios, sobre los dispositivos del poder insertos en el capitalismo. Hoy hay muchos elementos del pensamiento teórico foucaultiano que se encuentra vigente, para comprender las anteriores interrogantes...
Pero como si hay, claramente visible un descontento global frente a la dinámica de poder de acumulación capitalista, cómo sí cada día crece más el descontento de grandes sectores de población, ¿Cómo es posible que se mantenga este sistema excluyente? Más aún ¿Cuáles son los dispositivos de poder que garantizan su cumplimiento efectivo? Estas dos grandes interrogantes son las que autores tales como Michel Foucault, intentaron darle respuesta en sus diversos estudios, sobre los dispositivos del poder insertos en el capitalismo. Hoy hay muchos elementos del pensamiento teórico foucaultiano que se encuentra vigente, para comprender las anteriores interrogantes...
FUENTES:
- http://www.bdigital.unal.edu.co/1323/8/03CAPI02.pdf
- http://www.philosophia.cl/biblioteca/Foucault/Foucault%20%20el%20pensamiento%20del%20afuera.pdf
- http://pensardesdefoucault.blogspot.com.es/2013/06/v-behaviorurldefaultvmlo.html
- http://cienciasocialespanama.blogspot.com.es/2007/05/michel-foucault-y-los-dispositivos-de.html
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