miércoles, 5 de diciembre de 2007

El animal más bello del mundo...(ARTICULO DE CABALLOMANIA).




Lo saben los pintores, los escultores, los músicos y los poetas: el animal más bello de todos es el caballo. La fuerza, la gracia, la memoria, el sonido, el tacto, la sensibilidad.

Y Dios creó al caballo de un puñado del viento del Sur.
Y lo creó como el animal más noble de todos.
Para que volara sin alas. Para que llevara sobre sus lomos a los amigos, y para que ayudara a perseguir a los enemigos.
Y Dios los marcó en la frente con la señal de la felicidad. Y el caballo saltó hacia el espacio. Así está escrito en el libro sagrado del desierto.
Y desde entonces, el caballo ha sido el más fiel amigo del hombre.


A caballo se hicieron todas las civilizaciones, y a caballo se han transmitido todas las culturas.
En unos caballos pequeños y hermosos -porque lo pequeño es hermoso- los árabes llevaron por el mundo el saber de la medicina, el gusto por la astronomía, el buen manejo del agua, el sonido de la guitarra, los misterios del álgebra y el recreo mental del ajedrez.
En unos caballitos cargaleñas, materiales y fuertes, los mongoles atravesaron medio mundo para advertirle a Europa, que todos los poderes tienen amenazas. Y que todo imperio tiene su final.
A caballo fue como los griegos llevaron el pensamiento y la belleza por las arenas de Persia y por los oasis de Damasco.



A caballo fue como los conquistadores nos trajeron la lengua, la religión y la espada.
A caballo es como se siente mejor el amor, cuando se lleva al anca a la mujer de los sueños.
A caballo fue como Su Excelencia, el Libertador, nos trajo la libertad, la igualdad y la fraternidad.
Gente de a caballo fueron los constructores del Renacimiento, los creadores de la filosofía occidental y de la espiritualidad oriental.
A caballo fue como Hegel pudo comprender el espíritu absoluto.
Jinete en un burrito -el más humilde de la raza- fue como nuestro Señor hizo su entrada triunfal en la ciudad sagrada.



A caballo fue como los Mamelucos hicieron temblar a Napoleón al pie de las pirámides.
A caballo fue como los pieles rojas le dieron materile al General Custer.
Por eso, el amor por el caballo es un signo de humanidad, una demostración de la nobleza del corazón.
Lo saben los pintores, los escultores, los músicos y los poetas: el animal más bello de todos es el caballo. La fuerza, la gracia, la memoria, el sonido, el tacto, la sensibilidad. Todas las bondades y todas las virtudes son extremas en el caballo.
Por eso decimos que los momentos más gratos de la vida del hombre son dos: delante de unos ojos de mujer y detrás de las orejas del caballo.

Y venir a ver por aquí que cuatro montañeros, que se las dan de intelectuales, se molestan porque de vez en cuando ensillamos y pasamos por la calle rial de la ciudad.
No saben que mucho va de la boñiga al cagajón. Y que algo va de la Cueva del Oso a la Cueva de Rolando...
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